lunes, 20 de septiembre de 2010

Fagocitando Blogs

Hoy le robamos post al emo peronista. 

tiene la palabra


Hola, qué tal, seguramente me conocen por mi peinado loco y mis trajes sastre al cuerpo, mi nombre es Miguel Ángel Pichetto, soy rionegrino. Alguna vez quise ser gobernador de mi provincia y no se pudo. Actualmente soy el presidente del bloque de senadores del partido justicialista, joya, nunca disidente, del congreso. De eso quería hablarles, casualmente. Resisto un currículum vitae, de hecho, mi fortaleza es mi vida. Ya lo saben, soy peronista. Quiero decir, soy un hombre de partido. De chico me di cuenta que si quería cambiar la historia de este país me tenía que hacer peronista. Porque el peronismo es la única fuerza política que cambia la realidad. Lo demás es cosmética. Ahora es cuando me dicen petulante, engreído o soberbio. Qué me quedaba si no. ¿Intentos desesperados por aggiornar supuestas corrientes de pensamiento extranjeras o supuestos partidos populares del siglo pasado? No jodan. Entendí de pendejo que tenía que ser peronista porque quería cambiar la Argentina.

Claro que no siempre se puedo, los estoy escuchando, murmurando, lectores silenciosos, lo que pasa es que no todos podemos llegar, llegan algunos. ¿Ustedes pensaron que una persona vive como muuuucho cien años y que un periodo presidencial dura ahora cuatro, pero duraba seis, y que si sos bueno te reeligen seguro, es decir, pongamos, mínimo, 8 años?

Yo, sí.

La respuesta a la pregunta que no voy a hacer es obvia, sólo 3 tipos de una generación pueden quedar en la historia como presidentes dignos. (Si a eso le sumamos que no todos los presidentes que llegaron intentaron o los que van a llegar intentarán ser dignos, todo se complejiza aún más.) Digamos que de una generación bienintencionada y sin interrupciones de facto sólo tres tipos o mujeres pueden llegar a presidentes.

De esto quería hablar, y no hablé, decía más arriba. Porque me pareció atinado poner un contexto. Les recuerdo, soy Miguel Ángel Pichetto, quizás me recuerden por haberle dicho a ese que vote rápido o por haber hecho llorar a Negre de Alonso o por dar el último discurso en el debate de la ley de medios que estamos implementando.

Soy aquel, yo.

Sí.

Y, como dije, soy un hombre del partido.

Porque tempranamente me afilié peronista y tempranamente entendí que era mejor un gobierno nuestro malo que el mejor intencionado gobierno de cualquier oposición. O algunos de ustedes, lectores, que veían en 1999 a Duhalde como el anticristo hoy en un eventual ballotage con De la Rúa no votarían a Tachuela con las dos manos.

Bueno, eso que ustedes tienen volátil, yo lo tengo claro de pibe.

Sigamos.

Y no lo digo en joda, de hecho, cuando fue la votación de la ley de medios yo arranqué de bien atrás mi exposición, yo repasé y justifiqué la ley clarín, la ley de bienes culturales, porque estaba convencido entonces y sigo convencido hoy que era lo que tenía que hacer. Las viudas del kirchnerismo a mí me la soban porque yo me comí el apoyo a Saiz en Río Negro (que encima es uruguayo) y porque muchos temas actuales me ponen contra las cuerdas de mi propia historia. Sería más fácil para mí que la hegemonía de la construcción de poder de los noventa siguiera como hasta 2001.

Pero saben qué. Aún sin gobernación, con la mano en lo más alto, desde mi rol, esperemos que no eterno, vocero definitivo del kirchnerismo legislativo, me siento mucho más feliz conmigo mismo que si fuese cabeza de ratón de un peronismo distinto.

Es mejor, como no se suele decir, ser cola de kirchnerismo que cabeza de menemismo.

Quizás algún día sea gobernador, me lo merezco, o vicepresidente, o ministro de relaciones exteriores, por qué no, pero puedo perjurar que estos años de retórica legislativa a todo o nada fueron para mí todo.

Suyo,

Miguel Ángel Pichetto,
Senador Nacional
Provincia de Río Negro